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En éstasis estao. El mismo Nestor
Siente pasmarse el pecho. Con afecto,
Y tomando á Telémaco la mano:
« ¡Oh hijo! dice, un ser vulgar y oscuro
Tú no serás, ni al mundo inútil peso.
¡Ya tan jóven los Dioses te acompañan!
Esta vision divina es imposible
Que otra ser pueda que la Diosa escelsa
Que al héroe inspira y da su luz al sabio,
La hija en fin de Jove. Ella en tu padre
Tanta gloria vertió que entre los reyes
Y guerreros de Grecia es el primero.
¡Oh Diosa! sé propicia a nuestros votos:
¡Dígnate sobre mí, sobre mis hijos,
Sobre la honrada y siempre fiel consorte,
De los hombres fijar el alto aprecio;
Haz que bendigan todos nuestros nombres
Y que nuestra memoria ensalce el tiempo!
Una novilla al yugo nunca puesta
Que un año solo cuente, cuyas astas
Del oro brillen mas selecto y puro,
Piadoso ¡oh Diosa! inmolaré en tus aras. »
Dijo y oyó Minerva su plegaria.
Entonces vuelve el sabio á su palacio
Seguido de sus hijos y sus yernos.
Cuando ya bajo el trono estan sentados
En sus marcados sitios, el anciano
Un vino hace traer que cuenta once años;
Néctar divino que una fiel esclava
Para las fiestas mas supremas guarda.
Salta espumoso, al destaparse el vaso,
El licor en las copas, y el monarca,
A cuyo ejemplo se conforman todos,
A la hija de Jove hace una ofrenda.
Mas da la hora al descansar impuesta
Y el cuerpo todos á Morfeo entregan.
Guía al hijo de Ulises Nestor mismo