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MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES.

suele hallar fragmentos de vasijas, que han formado parte del ajuar funerario[1].

 En cuanto al tipo general de la alfarería patagónica presenta algunos caractéres distintivos que me permiten agruparla.

 La procedente de Colhué-Huapi, Musters, Senguerr y Valdez es indudablemente mucho más perfecta en su técnica de fabricación y adornos que la recogida hasta ahora en Cabo Blanco, Mazaredo y región al sur del Río Deseado.

 Los « paraderos » de Cabo Blanco y Mazaredo ofrecen los ti pos más primitivos de la alfarería patagónica. Los ejemplares han sido formados con una pasta arcillo-arenosa cargada de fragmen­tos de silex, cuarzo, etc., de todos tamaños. Los muchos años que ha estado á la intemperie han sido causa de que se hallen cubier­tos de pequeños líquenes. La superficie interna está surcada por profundas estrías hechas al modelar el vaso.

 La cocción es deficiente, á veces casi nula, si bien los fragmen­tos presentan un color rosa ó bermejo pálido debido al material terroso que forma la masa. En cuanto á los adornos son sumamen­te simples, y advertiré que se hallan semi-borrados.

 Inoficioso me parece decir que la alfarería de todos los « para­deros » de Patagonia se encuentra fragmentada, como sucede también con la procedente de la provincia de Buenos Aires, Pampa Central, etc. Los mismos indígenas seguramente las destrozaban antes de cambiar de « paradero » , como actualmente lo hacen otros pueblos cazadores; los Matacos del Chaco argentino, por ejemplo.

 En el grupo más adelantado, la pasta es mucho más homogénea, aunque con la mezcla infaltable de fragmentos líticos, aun en los tiestos adornados, lo que no deja de ser una excepción, pues en la provincia de Buenos Aires aquella clase de alfarería es de masa perfectamente homogénea[2]. La cocción es mucho más cuidada y por lo general, los fragmentos muestran en la rotura dos zonas exteriores bien quemadas.

 El espesor de las paredes de los vasos en ambos grupos oscila desde 4 mm. á 11 mm., aunque en la alfarería del norte predomi­nan las paredes delgadas.


  1. Pedro Lozano, Diario de un viaje á la costa de la mar magallánica, etc., for­mado sobre las observaciones de los P. P. Cardial y Quiroga, 5 y siguiente, en Pedro de Angelis, Colección de obras y documentos relativos á la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata, I.
  2. Florentino Ameghino, La antigüedad del hombre en el Plata, I, 293.