Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/32

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—« Y ¿cómo vino á su casa?»

—«Por recomendacion de un estudiante amigo nuestro. Fué en una época en que mis asuntos anduvieron mal, y nos vimos obligados á alquilar piezas amuebladas. Pero eso duró poco, y no tuvimos mas pensionista que él.»

—«Y ¿dónde está el que lo recomendó?»

—«No sé.»

—«Pero .... usted me dijo que era un amigo.»

El señor Equis me miró con fijeza, apoyó el antebrazo derecho en una mesita que tenía á su lado, y el puño izquierdo en la cadera, apretó los labios, y, balanceando luego la cabeza de adelante á atrás, me dijo con voz sorda, y bajando las cejas:

—«Usted me horroriza con su novela.»

—«Pero usted se vá interesando.»

De pronto se puso de pié, salió á la puerta que daba al patio, y golpeó las manos.

—«Llamaste, papá?»-preguntó la chicuela desde adentro.

—«Dile á tu madre que venga un momento.»

la señora Equis entró dos minutos despues.

Mediaron las presentaciones, y nos volvimos á sentar, cuando la Señora lo hubo hecho.

—«Dime, Julia, ¿qué noticias ha habido de Mariano?"

—«¿No decían que se había ido á Europa?»

—«Sí; pero de esto hace más de un año.»

—«Yo no he sabido nada.»