Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/36

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El artista hizo las correcciones indicadas.

—«Por ahí, por ahí»—dijo el Señor Equis.

—«Pero estos rasgos.... !» observó Manuel, retocando la curva de la frente.

—«No lo sé, caballero; pero Antonio tenía algo de esto. Permítame.»

Y volviendo á asomarse al pátio, llamó á la señora.

—«Díme, Julia ¿le encuentras algo?»

—«Mucho; esta parte de aquí, bajo la oreja, era más delicada, sin embargo, y el bigote ¿no recuerdas? parecía que le entraba en la boca por los ángulos. Esta parte, entre la frente y la sien, no era tan marcada... así... eso es. La ceja muy fina; pero los anteojos más grandes... de ese modo. No... nó... esa parte está muy bien. Vamos á ver si Julita lo conoce.»

—«Sí, ... pero ... los niños... podrian reconocerlo por los anteojos.»

—«Ave Maria! qué ocurrencia! no era tan chica la última vez que lo vió.»

Y llamando á la niña, le dijo:

—«Ven un momento, mira... ¿de quién es este retrato?»

El artista le tapó los anteojos con una banda de papel, por si acaso.

—«Este es Antonio!»

—«¿No le decía, señor? sáquele la benda ahora.»

Hecho esto, la niña exclamó: