Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/46

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—«¿Y ese es el modo cómo usted quiere interesar á los lectores? Es decir, entónces, que, para usted, ya es cosa resuelta que esos dos cráneos pertenecen respectivamente á las cabezas de Mariano N. y de Nicanor B.?

—«Haga usted todas las novelas que quiera; pero, para mí, eso es cosa resuelta.»

—«¿Y si yo le dijera que esos cráneos son de mujeres?»

—«Ah!

—« Ya ve entónces que no hay que precipitarse en las deducciones. Este asunto no está resuelto. Vea. Lo mejor es que ahora nos vayamos al centro en vez de irnos á nuestras casas. Almorzaremos á vapor, y en seguida continuaremos enredando la trama, que ahora parece que no necesita de nosotros para enredarse más.»

Hicimos parar el coche en la primera rotissérie que encontramos y nos propusimos desquitarnos.

Al lector no le interesa el saber si el salon era lujoso ó no. Ahora quiere seguirnos como la sombra al cuerpo, como el rastro á la estrella errante, como la consecuencia á las premisas.

—«¡Mozo!»

«Voilá.»

—«Fiambres para dos. Un bife con papas..... y usted?»

—«Yo tambien.»

—«¡Mozo! ¿cuánto tiempo tardará el bife?»