Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/68

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—«Sí.»

—«¿Y no vió nada más?»

—«No.»

—«Pues sepa usted que yo recogí una prenda de Antonio.»

—«¿Qué prenda?»

—«Una mina.»

—«¿Es posible?»

—«Fíjese en este papelito.»

—«¿Tiene algo escrito?»

—«Eso lo veremos»

—«Pero ¿cómo sabe que es de Antonio?»

—«¿Observó usted alguna diferencia en el olor de los cajones?»

—«No.»

—«Yo tampoco; pero como la vieja no podía agacharse, seguramente no iba á meter en ellos la nariz para averiguarlo. Lo único que me ha extrañado ha sido que usted no dijera delante de ella que no habia observado tal diferencia.»

—«Lucido me pone.»

—«Es que usted no ha comprendido mi pregunta. Al afirmarme la señora que sólo había habido ropa de Antonio Lapas en esa cómoda, yo he adquirido la seguridad de que este papelito le pertenece.»

—«Tiene razon.»

—«Yo siempre creo tenerla .... cuando la tengo»

—«Es su peor defecto.»