Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/69

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—«Hay otros más irracionales que yo que creen lo mismo, y á usted le consta que no la tienen.»

—«Y ¿qué dice el papelito?»

—«No lo sé. Lo veremos al llegar á casa.»

—«Pues amigo, me ha hecho usted un flaco servicio al iniciarme en este asunto. Estoy preocupado, afligido....»

—«Y curioso.»

—«Tambien. De todas maneras, si no fuese porque tengo la seguridad completa de que esos dos esqueletos son los de los estudiantes Mariano N. y Nicanor B.....»

—«Déle con la misma. Vea, vamos á transar: dígame lo que ha observado en los cráneos, y yo le diré despues lo que pienso de este asunto.»

—«Si usted me hubiera dejado presentarle mis observaciones con regularidad, ahora sabría tanto como yo; pero no quiso sino que le diera mi opinion de conjunto, y de un modo categórico.»

—«Es muy natural, porque yo quería una síntesis para ese momento, y esperaba que llegase otro para pedirle nuevos datos.»

—«Bueno: Mariano N. es el músico.»

—«Convenido.»

—«Nicanor B. es el calculista.»

—«Perfectamente.»

—«En Mariano, la personalidad es soberana: ese individuo no sabe mentir, no sabe negarse, no sabe ni siquiera disimular.»