Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/78

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—«¿Y en eso se han detenido?»

—«No; uno ha manifestado que, cualquiera que haya sido el órgano enfermo, él se inclinaba á pensar que se trataba de un envenenamiento.»

—«¡De un envenenamiento! ¿Y es posible que un envenenamiento haya sido sospechado recien despues de la muerte, cuando precedían dos opiniones tan encontradas?»

—«Es que ninguno de nosotros ha observado los efectos de cualquier veneno conocido, ni siquiera hemos podido referir los síntomas á un grupo ó forma general.»

—«¿Y?»

—«Ahora, sin embargo, todos nos inclinamos ante la posibilidad de que el estudiante tenga razon, y se hará la autopsia.»

—«Es claro. ¿Cuántos días hace que la víctima se enfermó?

—«Una semana.»

—«Y ¿cayó en cama?»

—«Nó. Hasta ayer salió; pero á la tarde, todo el cuadro sintomático tuvo un recrudecimiento tal, y fueron tan graves las manifestaciones, y tan violentas, que murió á nuestra vista sin que pudiéramos hacer otra cosa que atestiguar la defuncion.»

El Doctor Varolio trazó á grandes rasgos la historia clínica que completaba sus datos; pero, cuando terminó, le pedí una relacion mas circumstanciada de todo aquello que se refería al sistema nervioso.