plan esta falta, y mientras que ésta esté en condiciones de producir miel, se aprovecharán de la producida por las frutas, granos ó forrajes que provengan del mismo terreno. Los principiantes deberán estar advertidos, sin embargo, de que no pueden esperar mucho de una pequeña porción de terreno, debiendo recordar que como las abejas van generalmente á dos y media ó tres millas de distancia en todas direcciones de la colmena, recorren una superficie de doce á diez y ocho mil acres, y si solamente un pie cuadrado en cien produce plantas para la producción de miel, tienen todavía de ciento veinte á ciento ochenta acres de pasto y casi el equivalente de treinta á cuarenta acres pueden tener flores en determinado tiempo dentro del área de las abejas. Algunos acres más ó menos en tal época no constituirán por lo mismo una gran diferencia.
Pero si venimos á considerar las principales cosechas, especialmente cuando las abejas, como es el caso más frecuente, no tienen alimentos, la superficie que se les destina puede ser de mayor importancia relativa que la de la superficie de pastos naturales, puesto que sucede frecuentemente que en la parte más pequeña productora de miel en el campo que las abejas visitan, pueden encontrar flores útiles mientras que una superficie más pequeña puede ser frecuentada más por las abejas recogiendo el néctar á medida que se produce y entonces puede resultar mayor rendimiento por acre.
Es aún de alguna importancia, según la opinión de algunos, conservar á las abejas ocupadas en lugar de dejarlas perder su tiempo en revolotear, lo que es proba-