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Página:La reacción y la revolución - bdh0000290446.pdf/132

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ganizacion, que ha caido solo cuando se ha hecho incompati­ble con los progresos del trabajo. Merced á sus celos y á su natural exclusivismo, se ha atravesado como un obstáculo al paso de teocracias que pretendían dominar y esclavizar el mundo, al de aristocracias que habian hecho patrimonio suyo la tierra y los hombres que la cultivaban, al de democracias que, poniéndose en contradicción consigo mismas, convertían la libertad en objeto de incalificables privilegios. Ha sido pocas veces innovadora sabiéndolo y queriéndolo ; pero lo ha sido muchas por la naturaleza de su misma constitución y la fuerza de los hechos. Ha consolidado á menudo los adelantos revolu­cionarios de los pueblos.

No se pinta generalmente á la monarquía con tan agradables colores; mas conviene que así la conciban aun los pueblos mas dispuestos á pasarla por la espada. No porque una insti­tución sea hoy mala, ha de haberlo sido en todos tiempos. Precisamente es ley de toda institución social que empiece por dar efectos positivos, y solo despues, raras veces coetáneamente, los produzca subversivos. La monarquía, como la religion y la propiedad, nos han traido al adelanto en que hoy nos vemos. Sin ellas la civilización no habría de seguro adelantado un paso.

Mas ¿dónde, se dirá, teneis las pruebas de que los reyes hayan concluido su misión sobre la tierra? Permitidme que re­suma antes los sucesos consignados, y les consagre las reflexio­nes oportunas. La contestación os la daréis despues vosotros mismos. Hemos visto que la monarquía ha nacido con la primera idea de poder concebida por el pueblo; que la necesidad del órden la ha creado; que la anarquía la ha evocado constantemente del fondo del sepulcro; que se ha ido modificando en cada nuevo período de su existencia; que ha transigido con los mismos principios que ha venido á reemplazar despues de la muerte de las repúblicas; que se ha hecho el apóstol de ciertas ideas revolucionarias, y las ha impuesto con la espada á naciones extranjeras; que por la fuerza misma de su vida ha tendido, sin embargo, en cuanto se lo han permitido las cir­cunstancias, al absolutismo de su origen; que ha llegado á hoy, su situación de hoy á pesar suyo; que si hoy pudiese, aun rasgaría el pacto constitucional, y repetiría con placer el Estado soy yo de Luis XIV ; que ha sido, por fin, no solo una