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Página:La reacción y la revolución - bdh0000290446.pdf/139

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lo pasado, y tal vez en lo presente; nunca en lo futuro. El día en que la humanidad vuelva de su error, y diga : «Obreros de la materia y de la inteligencia, sois iguales,» aquel día se hun­dirá indudablemente hasta el postrero de los reyes. Importa poco que no sea aun realizable la igualdad ; basta que viva en la conciencia para que produzca estos efectos. La proclamación de la igualdad es la negación de la base de la monarquía; sin base no se sostiene un edificio. Si se sostuviera entonces vuestra institución, no solo no seria ya legítima, seria por demas absurda.

Mas ¿necesita acaso de la proclamación del principio de la igualdad para venirse abajo? Siendo en sí la negación de la li­bertad, transigiendo con ella solo cuando cree amenazada su existencia, tendiendo, en virtud de su idea, á su primitivo absolutismo apenas halla ocasión de adulterar la fe de sus contratos, ¿puede dejar de presentarse como un peligro constante á los ojos de los pueblos? El sentimiento de la libertad es hoy profundo, ardiente, general, activo, grande. Impone a sus enemigos, y hasta los mismos, que aparentan mas tibieza, no bien le sienten hollado, se levantan. No ha de consentir por mucho tiempo en tener delante de sí la que es su propia nega­ción, la que, aun con las mas generosas intenciones, ha de trabajar para matarle.

Hace ya mas de seis años, el 48, un soplo de la Francia hizo vacilar la corona sobre la cabeza de cien reyes. Luis Felipe abandonó las Tullerías. Pio IX el Vaticano, el emperador de Austria sus palacios de Viena, el rey de Prusia tuvo que saludar sus propias víctimas. El Czar, que hoy no ha vacilado en desafiar las iras de la Francia y la Inglaterra, se contento con presenciar el espectáculo desde lo alto de sus fronteras, temiendo que llegase hasta su trono el empuje revolucionario. Despues de haber amenazado la revolución en los primeros momentos de su cólera, le dirigió palabras llenas de respeto. Paso aun por alto á los pequeños reyes y príncipes de Italia y de Alemania, á la reina Isabel, que por dos veces sintió estallar el fuego de la rebelión bajo sus plantas. ¿Creéis que aquella revolución no dejó hondas raíces en todas las naciones? creeis que han muerto sus ideas? Sus primeros jefes pisan aun el suelo de la Europa ; hablan á cada paso, escriben, son a la vez una