lla la voz de la conciencia y salta sin vacilar la valla que separa la virtud del crimen. Acaba por la desgracia de sus individuos ó por una excision sangrienta.
Aborrezco de cada dia mas esas inicuas sociedades, las detesto; mas, lo digo con la misma sinceridad, no las condeno. Condeno á los que, pudiendo hacerlas inútiles, las hacen necesarias; á los que, por evitar un mal imaginario, llaman no pocas veces males desastrosos sobre la cabeza de los pueblos. ¿Qué calamidades habia de atraer hoy el derecho de asociación en manos de la democracia? ¿Creeis ya posible cortar el paso á este partido? Aunque logréis dominarle en muchos años, aunque mañana os decidierais á proscribirle en masa, aun cuando os fuese posible entregar al fuego todo lo que ha escrito, ¿os parece si una idea que ya vosotros mismos confesáis fecunda, ha de dejar de retoñar mañana y continuar la lucha que hoy mismo teneis que admitir á pesar vuestro? Dejad pues que se depure en el seno de pacíficas asociaciones, que cobre por medio de una discusión amplia y razonada la unidad de que carece. Dejad que para difundirla pueda el partido apelar á los medios que solo la asociación, es decir, la centralización de sus fuerzas, ha de darle. No tendrémos entonces que apelar á la violencia, y evitaréis conflictos; los que entre nosotros creen que una sola hora de poder vale mas para el progreso de una idea que diez años de propaganda, depondrán su error y sus inmediatas aspiraciones á un gobierno que seria hoy su escollo ; el dogma democrático se presentará mas determinado á los ojos de los indiferentes, y les inspirará menos alarma y desconfianza; será mas conocido de sus mismos partidarios, y les hará mas lógicos, mas severos, mucho menos imprudentes. Su advenimiento al poder no será quizás un hecho ruidoso que deba ir acompañado de una larga y espantosa crisis.
La mala fe de los demás partidos se complace en pintar la democracia como un peligro constante, y sobre todo, como la causa permanente de la dolorosa paralización industrial y comercial por que pasamos ; mas, seamos unos y otros justos, el mal puede depender en parte de la impaciencia de la democracia por llegar á ser gobierno, pero depende en una parte aun mayor de no querer transigir los demás con lo que exije el progreso natural de las ideas. Se las violenta, se las tiene