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Página:La reacción y la revolución - bdh0000290446.pdf/188

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habéis meditado jamás lo que es la duda en la mayor parte de los hombres? La duda emponzoña todos los placeres, ofusca sin cesar el pensamiento, lleva consigo la tristeza y la melancolía, inspira no pocas veces la desesperación, el odio á la vida, el horror á la muerte. Es la sombra de la razon y el espectro de la conciencia, el tormento de la voluntad y la enmohecida roca donde van á estrellarse las olas de nuestros senti­mientos. Y ¿queréis que siga esa duda carcomiendo nuestro pueblo? ¿le queréis privar de los consuelos que podría darle una discusión libre y razonada sobre los grandes problemas relativos á Dios, á la naturaleza, al hombre? Despues de haberle dejado apurar el veneno de su alma en las obras de Voltaire y Wolney, que habéis permitido vender públicamente, ¿os atrevéis á negarnos la facultad de darle el antídoto que nuestras propias meditaciones ó la lectura de libros extranjeros nos han proporcionado, para restablecer en nosotros mismos la perdida calma?

¿Qué es, además, la filosofía, sino la ciencia que se propone resolver aquellos difíciles problemas? Si no se nos han de dar amplias facultades para buscar la solución fuera del círculo del catolicismo, ¿por qué no se suprimen ya en nuestras universidades y colegios las asignaturas de lógica, de psicología, de moral, de filosofía del derecho, y todas las que tengan con estas un estrecho enlace? Un profesor teólogo bastará para su­plirlas en cada establecimiento de enseñanza pública ; y habrá la unidad que tal vez buscáis, si no en los discípulos, cuando menos en los maestros. Verdad es que mataréis en cambio, no ya solamente la filosofía, sino todas las ciencias; no el progreso en tal ó cual órden de conocimientos, sino el progreso de la especie. La filosofía, no sé si conocéis aun toda su trascen­dencia, es el origen de todo saber, la sintesis de todos los principios de la humanidad, la condensadora de todas las ideas, el paradigma á que están sujetas todas las producciones de la inteligencia. Eliminadla del cuadro de vuestros estudios, y provocáis en nuestro desarrollo moral una parálisis completa ; tal como están hoy las cosas, introducis la confusion en la enseñanza.

Nos vanagloriamos de nuestra revolución; y bien, ¿la debe­mos á la teología ó á la filosofía? La francesa empezó por la