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Página:La reacción y la revolución - bdh0000290446.pdf/290

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nes con Roma no nos han traído ni nos traerán sino la humilla­cion ó la guerra. No espereis de las que acabamos de entablar sino conflictos. Los intereses de Roma y los de la revolución son enteramente opuestos; la revolución hallará siempre en aquella una enemiga : enemiga solo formidable mientras crea­mos y crea que necesitamos de su apoyo.

Y ¡se persiste aun en que tengamos un ministro plenipoten­ciario cerca de la Santa Sede! Rompamos de una vez para siempre con ese poder bastardo. Formulemos una constitución verdaderamente atea. Proclamemos la libertad de cultos. Enseñemos á esos orgullosos pontífices á cumplir con sus deberes, á no inmiscuirse en los negocios de los pueblos, á dirigir palabras de paz á los católicos, como miembros de una misma iglesia, y no como ciudadanos de tal ó cual estado. Seguirán, decís, haciéndonos una oposición facciosa; mas, como tuvimos soldados para acudir en su defensa, ¿no los hemos de tener para ayudar á un pueblo que aspira á derribarlos? La democracia italiana aguarda solo una señal para renovar la lucha ; desnudemos juntos la espada, y sumerjamos por fin en las aguas del Tiber ese ya viejo y prostituido trono de los indignos suce­sores de S. Pedro. Mientras no, á cada paso que dé la revolu­cion en el camino de la libertad y del progreso habrá exposi­ciones como la de Valencia, protestas como la de Su Santidad y sus prelados, amenazas como la del obispo de Osma. La re­ligion será un arma de combate.

Los pontífices fueron el año 1834 los primeros en interrum­pir nuestras antiguas relaciones ; seámoslo ahora nosotros. Quememos en medio de la plaza pública ese pacto infame llamado concordato.

No olvido que el Pontífice es también rey de un estado ; mas como rey ¿ignora acaso nadie hasta dónde llega su importan­cia? Aun siendo esta mayor, ¿seria mas necesaria la presen­cia de nuestros ministros en su corte que en las de Cerdeña, Nápoles, Suiza, Austria ni Prusia?

Si se han suprimido, además, las embajadas, ¿por qué no esos ministros? por qué no todo el cuerpo diplomático? La época en que tres reyes se han dividido sobre el mapa los desventurados restos de Polonia debe estar por lo menos próxima á cer­rarse. Las querellas de los monarcas no han de ocupar como