mente de toda experiencia descubrimos sus principios. ¿A qué podrán pertenecer sino á las ciencias metafísicas? Mas ¿cómo se legitima entonces su amalgama con ciertas ciencias físicas? Las hay, se dice, que dependen directa é inmediatamente de ellas, que como ellas son exactas. Pero esa exactitud, si no existe aun, ha de existir algún dia en todas las ciencias de la naturaleza ; esa dependencia inmediata la tienen otras muchas ciencias : la perspectiva, por ejemplo, la estadística. ¿No basta acaso ya lo dicho para demostrar que es arbitraria la de limitación de las dos secciones, y deberían refundirse en una? He entrado sin sentirlo en una cuestión árdua, cuya resolucion me llevaría irresistiblemente á largas y trascendentales consideraciónes filosóficas : no creo propio de este capítulo ni de esta obra penetrar mas á fondo en el asunto. Ya que hubiesen de ser dos las secciones, deberían las dos cambiar de nombre; comprender la una el conjunto de las ciencias físicas, limitarse la otra á la historia natural y á sus diversos ramos; tomar aquella por base las matemáticas, apoyarse esta en la física y la química. La mineralogía, la zoología, la botánica no son mas que familias respecto á la especie llamada ciencias naturales.
La administracion es ahora también otra de las secciones de la filosofía. No doy á la verdad con el motivo. La administracion de todo país constituye una de las clases de su derecho ; se me hace imposible concebir cómo no forma parte de la facultad de leyes. Relacion directa entre ella y las demás secciones, lo confieso francamente, no sé verla. Mas quiero prescindir aun de esa rara anomalía. El objeto de la carrera es, según el Gobierno, proporcionar al Estado celosos y entendidos funcionarios. Esto supone un arreglo prévio, un reglamento, una ley para la colacion de los destinos. Esta ley no existe. Los alumnos de la nueva escuela están sin garantía. Lo estarán mucho tiempo. En medio de los continuos vaivenes de nuestros partidos no es fácil que la borla de doctor les baste para llegar á los altos puestos, ni fácil que les defienda contra las destituciones del último que triunfe. Ningún poder quiere suicidarse. Ninguno llevar á la generosidad al punto de confiar á hombres que no crea muy adictos á su causa, ni una legacion ni un gobierno civil ni un negociado. El movimiento de