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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/108

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Las ilusiones

I.AS ILUSIONES El doctor prestó la atencion más respetuosa; y, sentades ambos en un ángulo de la gran sala, prosiguió hablando la madre: —Harto advierto y deploro que eres infeliz con esta vida que llevas. Aquí hay tranquilidad y algun bienestar: pero te faltan objetos que satisfagan to ambicion, tu sed de gloria y hasta tu amor. No me quejo de ti porque quieras abandonarme é irte á Madrid. Nada más natural. Pero tú mismo convienes en que seria dernencia irte á Madrid sin un real como se va cualquier aventurero. Dicen en este lugar que la pobreza no es deshonra, pero es ramo de picardia, con lo cual enseñan que la dura necesidad obliga á veces hasta á los hidalgos y bien nacidos á hacer bajezas en que yo no quisiera que incurrieses nunca. Por eso he buscado un medio de que vayas á Madrid sin exponerte á vivir alli como un perdido ó sin acabar de arruinarte..

—¿Y cuál es ese. medio?—preguntó el doctor Faustino todo alborotado.

—Voy á decirtelo—contestó la madre. —Ya sabes que en la ciudad de... distante de aquí catorce leguas, vive mi prima queridisima, doña Araceli de Bobadilla. Aunque tiene más de sesenta años, la siguen llamando la niña Bobadilla, porque nunca ha querido casarse, no habiendo hallado sugeto de su