dinero, posicion y nombradia; hasta probar á doña Costanza que soy digno y más que digno de ella; que no necesito de su dinero para elevarme; que mis ensueños de ambicion no son vanos. Casi estoy por irme ya á Madrid derechito, y entrar por la puerta de Toledo con todo este aparato y estruendo de mulos, y con los alfajores, el piñonate y demás presentes, que no faltará alli quien se los coma.
El doctor, no obstante, seguia caminando en pos de Respetilla, bácia el pueblo y casa de su tia doña Araceli, sin poner la proa hacia Madrid sino por un instante y con la imaginacion sólo.
—Eso si—añadia,—si doña Costanza no me ama y yo la amo, me siento capaz de algo más grande y poético que lo que hizo Marcilla por Isabel. Aquel fué por esos mundos, para ganar la mano de su amada. Yo iré por esos mundos, á dar razon de quien soy, á llenarlos de mi gloria, y á ganar al cabo el desdeñoso corazon de Costancita. Si aliora no me amase, oscuro y desconocido ¿cómo no habia de amarme y áun de idolatrarme cuando me viese descollar entre la multitud con la frente ceñida en oro y lauro, y grabado mi nombre, con indelebles y gruesas letras, en las páginas de la historia?
Tomando este giro la meditacion, el doctor se representaba tan á lo vivo que amaba ya á Costan-