cita y que no era amado de ella, que empezó á suspirar con furia, como si se hubiese puesto enfermo..
Respetilla iba muy adelante y no le oyó, que si no se hubiera asustado.
En esto llegaron todos á un visillo, y desde alli descubrieron la ciudad á donde iban á parar. Blancas eran las casas por el mucho enjalbiego y con grandes patios, desde cuyo centro se alzaban las verdes copas de naranjos, acacias, adellas, azofaifos y cipreses. Un riachuelo, que corre por delante de la ciudad, regaba no pocas huertas en una fértil lanura que se extendia á los piés de los viajeros.
A la bajada del cerrillo, tomaron estos la carretera, saliendo de la vereda ó camino de herradura.
Diez minutos más tarde se divisó una nubecilla blanca sobre la carretera. Despues, un bulto que se movia.
Respetilla, con vista de águila, lo advirtió y reconoció todo, y volviendo riendas vino bácia su amo gritando: —Señorito, señorito, ahí vienen á recibir á su merced. Ese es el birlocho del Sr. D. Alonso.
No se habia engañado Respetilla. Ya se estaba oyendo el sonar de los cascabeles y campanillas de plata que adornaban los pretales y colleras de los lindos caballos negros que tiraban del birlocho.