se confesaba que sí. Pero, ¿qué amor, nacido en corazon humano é inspirado por un objeto, humano tambien, finito y perecedero, hace su primera aparicion, limpio de toda mezcla de otros sentimientosmás vulgares? El oro del amor rara vez sale de sus ocultos mineros sin estar en liga con metales de más baja ley. Sólo el fuego vivísimo, que en sí lleva, le purifica despues en el crisol del alma, donde, si el alma tiene la firmeza y el temple que necesita para resistir dicho fuego, acaba por resplandecer el amor puro, como oro exento de toda escoria y de superiores quilates.
Con esta comparacion metalúrgica se tranquilizaba bastante el doctor, porque se estimaba en tanto y empezaba a estimar en tanto á su prima, que se afligia de que en sus relaciones con ella pudiera haber nada que no fuese poético y moralmente bello.
—¿Qué habra pensado de mi la primita?...era otra de sus preguntas.
Entonces sentia un noble deseo de agradar y un delicado y modesto temor de no agradar. Pero ¿esto probaba la existencia de un amor, tan sublime como el doctor le fantaseaba? En manera alguna.
El doctor era de aquellos que desean agradar á todo el linaje humano aunque no le amen, y ser apreciado aún de las personas á quienes ménos aprecian.