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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/15

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del doctor Faustino

miar la aurea mediania, el retiro, la vida campestre y el encanto del lugarcillo en que nacieron, así como la propension que muestran á volver á dicho lugary á vivir y morir alli tranquilos, ni envidiados ni envidiosos, lejos del mundo y de sus pompas vanas.

Cuantos así hablaban ó escribian se me antojaba que eran hipócritas, que eran como el usurero Alfio ó poco menos. Aquello de Martinez de la Rosa, que dice: Padre Dauro, manso rio, de las arenas doradas, dignate oir los votos del pecho mio, y en tus márgenes sagradas legre morir: me excitaba la bilis de un modo superlativo. ¿Por qué, murmuraba yo, ha de atolondrarnos este señor con sus ayes y suspiros, estando, como está tan en su mano dejar la embajada de Paris ó la presidencia del Consejo de ministros, ó su brillante puesto en das Córtes, y retirarse á los carmenes umbrios y á los solitarios verjeles que están entre los cerros del Generalife y del Sacro Monte, por donde corre mansamente el Darro y donde la Fuente del Avellano vierte sus cristalinos raudales?

Más tarde me he convencido de que Martinez de la Rosa no suspiraba sin pasion por su Granada. He