incurrido, en mi tanto, en el mismo defecto, si defecto es. Desde hace años, lo confieso, ando siempre diciendo que me voy á milugar, que deseo vivir alli, ut prisca gens mortalium, cuidando del pobre pedazo de tierra que me dejó mi padre en herencia, y casi, casi haciéndole arar yo mismo por mis bueyescomo Cincinato y otros personajes gloriosos de las antiguas edades. Esto lo decía yo y lo digo con sinceridad, hallando preferible á todo aquella descansada vida, deseando ser uno de los pocos sábios que en el mundo han sido, y no cumpliendo, sin embargo, mi deseo, cuando al parecer sólo de mi depende cumplirle y satisfacerle.
Ahora comprendo y noto las dificultades con quehasta para cumplir tan modesto deseo, tropieza el más desembarazado y decidido, y perdono á los que hablan con amor y con saudades de la vida rústica desde el bullicio de las grandes poblaciones, y pido perdon para mi y que se considere que no es farsa esta ternura entrañable con que vuelvo los ojos y et ánimo al rincon tranquilo é ignorado dónde están los majuelos que crió mi padre y el plantonar que á fuerza de fatigas y de apuros vió crecer y medrar hasta que, llenos de vigor y lozania, empezaron á dar abundante fruto.
Mi lugar está en la misma provincia y á corta dis-