se lo diga Vd. & papá ni á nadie. Estas cosillas sch más gustosas cuando no se saben.
—No tengas cuidado. Yo me callaré. Lee.
Doña Costanza, en voz muy baja, leyó el billete que decia así: Primita: He tenido el atrevimiento de concebir una esperanza de felicidad, que me alienta hace ocho dias. Mil temores, nacidos de mi corto valer y de lo mucho que tú vales, asaltan mi esperanza, Tuchan contra ella y procuran matarla. Acudo á ti para que le perdones y la ampares. Basta con una palabra de tus frescos labios para que viva. ¿Pronunciarás tan dulod palabra? En todo caso no condenes á esta esperanza, sin oir ántes lo que lengo que decir en sa defensa. ¿Cómo y dónde podré hablarte? Si cierta simpatia, que he creido leer en tus ojos, si cierta piedad con que me miras á veces, no son mentira que mi fatuidad inventa, confio en que has de buscar medio de oirme, lejos de la turba de adoradores que te rodea. Aguarda con ansia tu contestacion el más fervoroso de todos, tu primo Faustino, D —¿Ves cómo no debes quejarte?—dijo doña Araceli.
Y si yo no me quejo, tia.
Y qué carta tan fina y tan bien hilvanada!
¡Cómo el galan encaja en ella todo lo que quiere!