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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/219

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del doctor Faustino

reja, en el silencio solemne de la alla noche, á la escasa luz de las estrellas, en medio de un ambiente perfumado de azahar y violetas; hermosos, jóvenes ambos, y nada, ella no acaba de decidirse ni de confesar que te ama? ¿Tiene el corazon de bronce?

¿Es una piedra y no una mujer? Te aseguro que no lo comprendo. Y dime, hijo mio, sin una falsa vergüenza que aquí no es del caso; háblame como si yo fuera tu confesor; te quiero mucho y me intereso por ti: dime ¿vuestras caras no se han acercado nunca hasta tocarse? ¿Tus labios no se han posado ni siquiera sobre la frente de Costancita?

—Nunca, tia. No he hecho más que tomar su linda mano y besarla.

¡Ay, sobrino, sobrino! Si tú no fueses tan veridico, no te creeria. ¡Esa chica es un alcornoque; es un roble! ¡Y cuán disimulada y astuta! ¡Cómo se lo tenia callado! Su condicion natural, por otra parte, es recia de veras. No dejan rastro en su cara esas vigilias y esos coloquios. Ni ha perdido la color, i, tiene ojeras. El demonio son las niñas del dia.

Está fresca y colorada como una rosa. Pero ¿qué digo como una rosa? ¿Qué rosa no se marchita y deshoja, si está expuesta al sol de Julio, sin que vierta el alba en su seno una gotita de rocio?

—Tia—contestó D. Faustino suspirando,— yo creo