Ir al contenido

Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/230

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
224
Las ilusiones

recibió sola á su tia. Lo que hablaron es de suma importancia, y se traslada aquí tan fielmente como pudiera hacerlo un taquigrafo.

—Costancita dijo doña Araceli despues del saludo y de tomar asiento,—quiero que nos entendamos de una vez. El hijo de mi mejor amiga ha venido aquí, confiado en mis promesas y buenos oficios, y no me conviene que salga burlado. ¿Le quieres ó no le quieres? Ya no puedes alegar que él no te ama, que él no se ha declarado. ¿Para qué hacerle penar? ¿Para qué tenerle en una espantosa incertidumbre, si es que le amas? Y si no le amas, ¿para qué engañarle con vanas esperanzas, consiguiendo así que sea más honda, quizás mortal. la herida que piensas hacerle ó que ya le has hecho?

—Tia, tia—respondió doña Costanza,—Vd. vienecontra mi espada en mano. Vd. es quien viene á herirme. Vd. viene tremenda. ¿Y cómo quiere usted que yo conteste á todo eso? Deseo amar á mi primo.

Me siento inclinada á amarle, pero no le amo aún.

No es culpa mia. Mando yo en mi corazon?

—Pero hija, ¿qué corazon es entonces el tayo?

Pues qué, ¿despues de tres ó cuatro semanas de ver, de hablar, de tratar á tu primo, nada te dice el corazon, ni en favor ni en contra?

—No es que no me dice nada el corazon. El co-