¿Qué perla más luciente que la discrecion? Además, á una señora como tú, tan bien nacida y emparentada, ¿quién ha de atreverse á no tenerla por legitima señora, aunque no vaya en coche?
—Tia, crea Vd. que el dinero es el que constituye en esta época, como quizás constituyó en todas, la verdadera aristocracia. Sin dinero seré plebeya, aunque descienda del Cid, y con dinero pasaré por la hidalguia personificada, aunque sea hija de un contrabandista, de un lacayo, de un negrero, de un usurero ó de un bandido.
Doña Araceli trató de impugnar aún los endiablados razonamientos de Costancita; pero pronto desfalleció y se rindió, no por falta de conviccion, sino por torpeza de pensamiento y de palabras.
—¿Y qué piensas hacer, hija mia?—dijo por último.
—Si yo tuviese veinte mil duros de rentarespondió Costancita—me casaria sin vacilar con mi primo. Esto probará. á Vd. que le amo. Si yo no tuviese gada, si estuviese tan perdida como él, tambien le tomaria por marido, porque él, al tomarme por mujer, me demostraria un verdadero y profundo amor, que satisfaria mi orgullo y me moveria á ser no ménos generosa; pero mi mediana fortuna destruye estos dos extremos poéticos y me coloca y le coloca en un justo medio de prosa tan vil que no