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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/254

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Las ilusiones

diligencias al volver á Villabermeja habia sido ir á ver el retrato de la coya, que estaba en el estrado, el cual era la cuadra ó sala cuadrada del piso principal. El doctor examinó atentamente el retrato, pero no acertó á decidir si era reál ó imaginada su perfecta semejanza con su inmortal amiga. Por otra parte, su inmortal amiga le tenia al parecer olvidado hacia tiempo, y su recuerdo, aunque persistente, iba haciéndose algo confuso.

La obra de Pantoja era bellisima, pero al cabo no era más que una imágen y no podia despertar en el doctor, que gozaba de cabal juicio, sino simpatías meramente artísticas. La certidumbre de que aquel era el retrato de una antepasada suya, muerta hacia tres siglos, cortaba además los vuelos á su imaginacion.

El doctor habia leido un cuento oriental de cierto principe que halló en el tesoro de su padre un retrato de mujer de quien se enamoró: pero el prípcipe creyó contemporáneo suyo el original del retrato. Salió en su busca por el mundo y nunca pudo dar con la mujer amada. Solo vino á averiguar, despues de mucho tiempo y peregrinaciones, que la dama, á quien amaba por el retrato, habia sido una reina de la isla de Serendib, no menos prendada de Salomon que la de Sabá, y quizas la más bella y