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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/270

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Las ilusiones

y sin objeto, á pesar de su intensidad. El amor de la belleza y del bien es amor de abstracciones: es el amor de mi mismo, si no hallo objeto fuera de mi que me parezca bueno y hermoso. Mi alma, sin embargo, está enamorada. ¿A quién ama mi alma? Quizás ama un ideal inasequible, que trabajo de continuo en forjar dentro de mí, sin llegar nunca á dar el ídolo por terminado.

Otro objeto de amor más excelso, más comprensivo, reconocia el doctor que le convenia buscar para que su corazon se aquietase: pero no se atrevia á negar la realidad de la existencia de ese objeto, y, de miedo de encontrarse con un fantasma, no le buscaba.

El doctor habia leido las poesias desesperadas que privaban en aquella época; pero aún no habian salido á luz ó no habian llegado á su noticia las atrevidas especulaciones de los filósofos desesperados novísimos. Schopenhauer y Hartmann no habian penetrado en Villabermeja.

No habian, con todo, sido pocos los libros materialistas é impios que el doctor había leido. Veia además el pró y el contra de todas las cuestiones, y la índole de su entendimiento le llevaba á dudar.

La melancolía de su alma, en aquellos dias, ie pintaba todo con los colores, más negros.