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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/294

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Las ilusiones

en la otra. Jamás habia yo querido creer en las brujas, por que no comprendia qué gusto habian de tener, al ver tan perdidas á las que pasaban por ta les, en servir al diablo sin recibir salario. Ahora empiezo á creer en la brujería. No se ofenda su merced, señorito. Su merced es brujo, y está dando culto al diablo, y sacrificándele su mocedad y su existencia.

Yo no doy culto al diablo—contestó el doctor, no poco lastimado del tino con que Respetilla le atacaba: yo doy culto á la necesidad invencible.

Si á eso llamas tú diablo, sea enhorabuena; doy culto al diablo.

—¿Y qué necesidad tiene su merced de vivir como vive?

—¿Puedo acaso vivir de otro modo? Donde quiera que yo fuese haria un papel ridículo sin un cuarto: ¿A qué oficio voy á ponerme si no sirvo para nada?

No hay más que resignarme á vivir en Villabermeja.

Y aquí, ¿qué otra vida he de hacer que la que hagol —¿Y por qué no hacer aqui otra vida?—replicó Respetilla. ¿Para qué desea su merced ir á Madrid?

Sin duda para tratar á aquella gente. Pues trate su merced á la de aqui y se ahorrará el viaje. Pues qué la gente de Madrid es distinta de la de Villabermeja?

Todo se vá allá, señorito.