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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/296

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Las ilusiones

Respetilla—dijo D. Faustino,—tú eres un tentador, un verdadero diablo, y me propones un disparate, por no decir otra cosa. ¿A qué he de ir yo á ver á Rositaf ¡Bueno foera que creyese Rosita que yo iba á pretenderla, en busca de su dote, como fui en busca del de doña Costanza, é imitase á mi prima, calabaceándome!

—Yo conozco á Rosita, y sé que no pensasa isemejante cosa. Ni 'sueña en casarse con su mereed, ni ménos en darle calabazas.

—Pues entonces ¿en qué sueña—En broma y palique. Aquí no tiene con quién hablar. No hay más novio posible para ella que el hijo del boticarjo, que corre ya por cuenta de su hermana. Rosita ha leido muchas novelas é historias y es muy elegantona. Conversar con su merced, sin proyecto de ninguna clase, seria para ella el colmo del contento. Dice Jacintica que ella dice que su merced sólo es capaz de entenderla en Villabermeja: que para los. demás patanes de por aquí está ella como si estuviera en griego. Dice tambien Jacintica que, en todas las ferias donde ha estado Rosita, ha pasado por de Sevilla ó de Granada, cuando no por de Madrid, y que nadie ha sospechado que fuese de Villabermeja. Tan bien se viste, y tan atinada y afilustrada es en cuanto habla.