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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/376

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Las ilusiones

doza, en cuyo camarin habitaba nuestro Padre Jesús: Bajo el piso de grandes losas, que el doctor hoilaba, estaba la bóveda sepulcral con los restos de sus ascendientes. Cada paso que daba el doctor sonaba sobre lo hueco, y era repetido por las naves del templo solitario, cuyos muros repercutian cualquier ruido. La escasa luz que entraba por las claraboyas de la cúpula é que difundían las lámparas, deteniéndose y reflejándose en los altos pilares, poblaba de vagarosas sombras todo el recinto, que ya se deshacian, ya se agrandaban, ya volvian á desvanecerse, conforme oscilaban las lámparas, levemente tocadas por un soplo de aire, ó el mustio resplandor de la luna se amortiguaba un poco antes de entrar por las claraboyas, merced al paso é interposicion de alguna nube. Todo esto infundia cierto respeto semi—religioso en el espíritu descreido del doctor.

No obstante, llamó á la puerta con el hacha, sin tocar de filo. Nadie respondió. Llamó más fuerte, y tampoco. Acabó por perder paciencia: por golpear con todo su brio. Cada golpe, duplicado, triplicado, quintuplicado por los ecos, parecia un trueno prolongado. Se diria que Dios llamaba á juicio á los frailes dominicos y á los Mendozas todos, que en sendas criplas estaban enterrados allí: pero ni por esas respondió entonces persona viva.