quienes, no contentos con los réditos, exigian asimismo una gran dósis de humildad y agradecimiento, sopena de enojarse y de pedir al punto el capital de la deuda, conminando con la ejecucion.
Tal era el estado de la casa de los Mendozas, por culpa del difunto D. Francisco, y por poca babilidad, descuido y mala ventura de D. Faustino y de su madre. Su caudal, mal cultivado por falta de capital, con los frutos malbaratados siempre, apenas producia para pagar los enormes réditos de aquella deuda. Varias veces se habia tratado de vender para pagar lo que se debia; pero en los lugares pequeños, hay una aficion extraordinaria á tirar de los piés á los ahorcados. Cuantos tienen algun dinero andan siempre acechando la ocasion de que alguien esté en apuros y quiera ó necesite vender algo para comprárselo por la tercera ó cuarta parte de su justo precio. Aún así, piensan que favorecen al vendedor, pues le dan dinero, cuyos intereses son grandisimos, á trueque de tierras que producen poco, como no se esté sobre ellas y se emplee un capital de metálico y de inteligencia en su administracion y cultivo.
D. Juan Crisostomo hizo aún laudables esfuerzos para calmar á Rosita. Rosita llegó á decirle que prefiriria ser hija de Joselito el Seco á ser hija