que ensillasen la jaca del doctor y que dos de los de más conflanza de la cuadrilla se preparasen á acompañarle.
Todo dispuesto ya, el doctor se despidió de Joselito atargándole la mano, que éste apretó amistosamente entre las suyas.
Por trochas y atajos, por sendas extraviadas, caminando más de noche que de dia, llegaron, al tercero, el doctor y su comitiva á un silio, distante media legua de Villabermeja y muy conocido del doctor, porque estaba en el camino de su casa de campo. Allí, los bandidos le pidieron su vénia para volverse. El doctor se la dió de buen grado, con mil gracias por el favor que le habian hecho. Procuró tambien darles el dinero que llevaba consigo, pero la caballerosidad y desprendimiento de aquellos valienles no lo consintió.
Empezaba á clarear cuando el doctor se quedó solo. Era una mañana hermosísima. Con la impaciencia de volver á ver á su madre, puso el doctor espuelas á la jaca, y pronto se halló en el lugar y á la puerta de su casa, que vió abierta, aunque tan temprano.
Entonces le dió un vuelco el corazon. Presintió una desgracia. Una nube de tristeza nubló sus ojos.
Faon fué el primero que salió á recibirle; pero,