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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/445

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del doctor Faustino

melancolías. El doctor, por lo tanto, era en Madrid como aquel Leonardo que Camoens nos pinta en Los Lusiadas, tan infortunado en amores que, en la propia Isla de Venus, donde todo estaba dispuesto para agasajar y deleitar á los heróicos portugueses, estuvo á pique de no topar con una sola ninfa que se le mostrase piadosa y que no huyera de él como de la peste.

Como el doctor se acicalaba y vestia con alguna elegancia y esmero, iba á los teatros, á los bailes y reuniones, y bacia de vez en cuando alguna calaverada; por ejemplo, perder quinientos ó mil reales al juego ó ir á comer ó á cenar á una fonda, juzgándose por un instante, en aquella ocasion, un Sardanapalo ninivita, un Baltasar babilónico, un romano de la decadencia, ó. un mega—duque del Bajo Imperio, siendo esto del Bajo Imperio lo que priva más entre los escritores politicos y moralistas, al considerar el lujo y relajacion de nuestra edad y echarla de Juvenales de Tertulianos severos; y como, por otro lado, las poesias líricas, la epopeya, los dramas que no llegaban á concluirse y el sistema filosófico que no acababa de inventarse, no producian ni era natu ral que produjesen an ochavo; el pobre doctor estaba casi siempre á la cuarta pregunta. El caudal de Villabermeja (aunque, segun á mi me han asegu-