de conquistas en más vasto teatro, y de deslumbrar áun con la luz de su belleza antes que del todo se eclipsase, se apoderó entonces del alma de Rosita.
Entre sus pretendientes se contaba D. Cláudio Martinez, consecuente hombre político, y diputado á Cortes casi perpétuo por el distrito de que formaba parte Villabermeja: D. Cláudio habia hablado cuatro ó cinco veces sobre Hacienda en las sesiones.da} Congreso, y habia llegado á ser director general en el ministerio de aquel ramo. Alli be habia dado san buena maña, que habia formado um capitalito de un par de millones. Era, pues, un señor de muchas campanillas, uni pájaro de cuenta, en poléncia propincua de ser ministro, titulo, banquere,' las trés 'cosas.
Solteron de cuarenta y pico de affos, estaba bien conservado y era alegre, servicial y ameno. Trataba eon tal. llabeza á todos sus electores, les buscaba tantes empleos, y les desempeñaba tantos encargos, comisiones, que era adorado por todo el distrito.
Su retrato, ora al óleo, ora en fotografia iluminada, resplandecia en las casas consistoriales de los efúco ó seis pueblos que el distrito formaban. En todis ellos le recibian con repique general de campanas é iluminación, cuando volvia de Madrid. En todos ellos se daban cómilonas, bailes y giras campestres, en su