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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/482

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Las ilusiones

Los marqueses de Guadalbarbo recibian una vez por semana y reunian en sus salones á lo más distinguido de Madrid por hermosura, nacimiento, fortuna, letras y armas. Los marqueses tenian además de diario gente convidada á comer. El general Perez era de los que más frecuentaban la casa.

El general Perez, la indole de cuyas relaciones con Rosita hemos dejado en una discreta penumbra, no sólo era un oráculo en politica, un poder de quien á veces pendia la muerte ó el nacimiento de los ministerios, sino el más pertinaz, confiado, audaz y fátuo de los galanteadores. En este linaje de lides, así como en los verdaderos campos de batalla, el general Perez se juzgaba un César, y el vine, ví y vencí no se le apartaba del pensamiento cuando no de los lábios.

Este tremendo general, este héroe impertérrito y halagado por mil éxitos ruidosos, se consagró completamente á la marquesa de Guadalbarbo. La perseguia con miradas volcánicas, la requebraba con cierto desenfado militar, y no queria creer jamás que los desdenes, las burlas y hasta las iras á veces de la marquesa, fuesen iras, burlas y desdenes legitimos, sino artificios, fingimientos y tácticas amoro sas, para hacer más deseable la victoria y para dar más precio á la fortaleza que al cabo se había de rendir.