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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/485

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del doctor Faustino

desconfiado, modesto y encogido. Su humildad le dió cierto encanto á los ojos de Costancita y le ganó las simpatías del marqués de Guadalbarbo, quien llegó á hacer de él los mayores elogios y á sacarle siempre á relucir como ejemplo de los caprichos é injusticias del destino, que le tenia on lan bajo lugar, mientras que habia encumbrado á tanto zopenco.

Costancita en un principio contradecia á su marido, sosteniendo que el no haber hecho carrera don Faustino era por culpa de su carácter, hallando y marcando en él infinidad de defectos: pero el marqués propendia á probar que no había tales defectos, sino que todas eran excelencias y perfecciones.

La marquesa se fué poco a poco convenciendo de lo que su marido afirmaba. De esta suerte, el doctor Faustino vino al fia á parecerle un sábio marchito en flor, un leon á quien han cortado las uñas, un genio á quien han arrancado las alas pujantes con que iba a encambrarse al empireo.

¿Y quién había sido la maga maléfica, la hechidera traidora que habia hecho ten impia y bárbara amputacion de alas y de uñas? Costancita se dió á cavilar en esto, y á sentir remordimientos que hasta entonces no habia sentido, y á considerarse bastante culpada. Entonces; recordó con ternura, con cierta tristeza entre dulce y amanga, con lánguida y morosa