i leyendo, escribiendo ó soñando, y donde recibia á los íntimos. Era lo que llaman boudoir, valiéndose de un vocablo extranjero. Costancita estaba vestida de mañana, con traje gracioso y leve, propio de primavera. Las persianas, echadas, daban una media luz muy agradable á todos los objetos. Plantas y flores adornaban el saloncito. La marquesa parecia más fresca, lozana y encantadora que todas las flores.
El doctor hizo mil cumplimientos á su prima.
Ella en cambio le prodigó mil dulces sonrisas y mil afectuosas miradas. No se habló de amor, ni pasado, ni presente. Se habló de amistad, de cariño indeterminado entre ambos; pero en virtud de esta amistad, de este cariño, sin nombre, aunque puro y espiritualsimo, el doctor tomó la mano de la marquesa entre las suyas, y la marquesa se la dejó alli abandonada. El doctor la cubria de besos, cuando sonó la campanilla de la puerta principal. Costancita se rió: —Este es dijo—mi tremendo general que llega.
El doctor, que tenia su silla muy cerca del asiento de Costancita, la apartó maquinalmente.
—No, no—dijo Gestancita; riendo con más gana todavía no apartes tu silla; acércala más y que rabie. No te levantes liasta que entre para que te vea sentado muy cerca de mi: