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Página:Las ilusiones del doctor Faustino (1875).pdf/531

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del doctor Faustino

oasi no sintieron el calor y la aterciopelada bandura de la blanca tez, sino lo frio é inanimado de algunos ricillos crespos que por allí medio la cu brianó velaban.

El hecho mismo de haber sorprendido á los dos probaba lo impremeditado, to fallo de malicia que todo habia sido, A buen seguro que sorprendan nunca los maridos á...., y el marqués se citaba una retahila de nombres propios de lindas damas, y se gozaba un tanto al considerar la diferencia de desti no que habia entre él y aquellos otros maridos. Al doctor, á cuya generosidad debia infinito, tambien le disculpaba un poco.—¡Qué diantres! se decia allá en sus adentros. ¡Ella es tan guapa... tan seductora; sin querer! ¡Y el pobrecillo, que debió casarse con ella, es tan desgraciadot Reducido ya el suceso á proporciones minimas, el marqués le buscab causas hasta cierto punto plausibles. El parentesco cercano, los recuerdos poéticos de la primera juventud, un ligero desagravio de las calahazás crueles, recibidas hacia diez y siete años... Luego pensaba en las consecuencias para lo, futuro, dado que se salvase la vida del doctor como deseaba, y todo.se convertia en una adoraciou mistica, en una idolatria sublime, en un petrarquismo archi espiritual.

Admirábase entonces el marqués de la entereza de