que vivieron, durante más de tres siglos, y que sólo por sus hazañas en las guerras y por su posicion habian sido tolerados. Casi todos ellos habian ido á servir al rey, habian corrido el mundo buscando aventuras y garbeando por estilo heróico cuanto se presentaba, y habian vuelto al cabo al lugar, á la casa de sus mayores, con aumento de su fortuna y con mujer legitima forastera. Aunque contrarios en el fondo del alma al pensamiento politico de los españoles de entonces, le habian servido con briHantez por su amor á la vida inquieta; pero en la administracion tranquila de sus bienes, jamás se habian empleado con acierto, de suerte que, decaida España de su antigua pujanza, sin Flandes, Indias é Italia, donde ir á rehacer ó á mejorar. patrimonios, el de los Mendozas habia caido por tierra del modo inás lamentable.
Ya el D. Francisco de que hemos hablado contrajo infinitas deudas, empeñó muchas fincas, y vendió algunas de las vinculadas, cuando quedaron libres, de 1820 á 1823.
Su heredero, el actual mayorazgo, llevaba trazas de consumir cuanto del caudal quedaba, exento ya de toda amortizacion y vínculo.
Aunque vagamente, bien entendian y daban á entender los críticos que el espíritu liberal de los