nuevos habian hecho su fortuna aumentando el bienestar general, acrecentando el acerbo comun del haber de la nacion, creando riqueza; pero los resabios inveterados de los bermejinos más aviesos, mezclados con la envidia, si bien no de concierto todavía con predicaciones venidas más tarde de fuera de España, no les dejaban ver en los bienes adquiridos por otros un aumento del bien colectivo, sino una dislocacion ó una absorcion de bienes que á todos pertenecian, verificada con infernal astucia. El antiguo refran que reza: Los ricos en el cielo son borricos, los pobres en el cielo son señores, se oia con frecuencia en los lábios de los bermejinos, como pronosticando en son de amenaza, que la habilidad pecaminosa de los ricos no prevaleceria en el cielo, donde al fin seria castigada, si ántes algun hombre de corazon no adelantaba el castigo, echándose á la vida airada, con armas y caballo.
Entiéndase bien que hablo de la gente peor bermejina. La mayoría es sufridisima y razonable, y lleva sin envidia y con paciencia el encumbramiento de los ricos nuevos, por más que no haya habido toda la limpieza que fuera de desear en el modo de enriquecerse de no pocos.
Habia, sin embargo, una razon para que hasta les ricos nuevos mirasen con afecto á los Mendozas.