II ¿Para qué sirve?
No se asusten los lectores timoratos al leer el epigrafe que antecede, ni se den sospechar que intento promover cuestiones impias. Harto se me alcanza que en toda la resplandeciente y complicada máquina del mundo no hay cosa alguna que no sirva para algo: todo tiene un fin: todo concurre al órden perfectísimo y á la total armonía. Para creerlo y afirmarlo, importa lo mismo decir que vemos porque tenemos ojos ó que corremos porque tenemos piernas, que decir lo contrario: esto es, que porque vemos tenemos ojos y porque corremos nos ban nacido piernas y todo lo conveniente para correr.
Casi, casi redunda en mayor alabanza de las leyes providenciales el contemplar y explicar las cosas de este último modo. Y si no, vaya de ejemplo: ¿Quién seria mejor relojero, el que fuese fabricando prolijamente todas las ruedecillas, cada una con su fin y propósito, y luego las ajustase y ordenase entre si