belleza, pero que tenía el rostro de color amarillo como el azafrán. Y se asombró mucho de tal des- cubrimiento, y le dijo: «¡Oh huésped nuestro, aún hemos de formular un deseo antes de despedirnos de ti y marcharnos por donde hemos venido!> Y el joven amarillo contestó: Cuenta de antemano con que ha de satisfacerse tu deseo. Y el califa pre- guntó: Deseo, y también lo desean los que vienen conmigo, saber por ti si ese color amarillo de aza- frán que tiene tu rostro es algo adquirido en el transcurso de tu vida ó algo original que data de tu nacimiento!>
Entonces dijo el joven amarillo: ¡Oh vosotros todos, huéspedes mios! Sabed que la causa del color amarillo de azafrán que ostenta mi tez constituye una historia tan extraordinaria, que si se escri- biera con una aguja en el ángulo interior del ojo, serviría de lección á quien la leyera con respeto. ¡Confiadme, pues, vuestro oido y prestadme toda la atención de vuestro espiritu!» Y contestaron todos: ¡Nuestro oído y nuestro espiritu te perte- necen! ¡Y henos ya impacientes por escucharte!...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.