mia del anciano blanco y por la belleza de los jóvenes, pregunté à un transeunte: «¿Quién es ese venerable jeique? ¿Y cuál es su nombre?» Me con- testaron: ¡Es el jeique Taher Abul-Ola, el amigo de la gente joven! ¡Y cuantos entran en su casa pueden comer, beber y divertirse con los jóvenes ó las jóvenes que constantemente habitan en ella!...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 518. NOCHE
Ella dijo:
...¡Y cuantos entran en su casa pueden comer, beber y divertirse con los jóvenes ó las jóvenes que constantemente habitan en ella!» Y al oir estas pa- labras, me dije, entusiasmado hasta el limite del entusiasmo: ¡Gloria á Quien me puso en el camino de ese jeique de buen augurio desde que desem- barqué del navio, pues que no vine á Bagdad desde mi país mas que para dar con un hombre como ese! > Y me adelanté hacia el anciano, y después de de- Bearle la paz, le dije: ¡Oh mi señor, tengo algo que pedirte!> Y me sonrió cual sonreiría A su hijo un padre, y me contestó: ¿Y qué deseas? Dije: <¡De- seo vivamente ser huésped tuyo esta noche.» Volvió