¡La hermosal ¡Si apareciese en medio de los in- fieles, abandonarían por ella sus ídolos y la adora- rían como á única divinidad! ¡Si sobre el mar se mostrara ella desnuda por completo, sobre el mar de olas amargas y saladas, se endulzaría el mar con la miel de su boca! ¡Si desde Oriente se mostrara á algún monje cris- tiano de Occidente, es seguro que el monje abando- naria el Occidente y volveria hacia Oriente sus mi- radas! Pero yo, que la vi en la oscuridad iluminada por sus ojos, me grité á mí mismo: <¡Oh noche! ¿Qué veo? ¿Es una aparición ligera que me engaña, ó es una virgen intacta que reclama un copulador?> Y vi que, al oir estas palabras, apretaba con su mano la flor que tiene en medio, y me decía suspi- rando con tristes y dolorosos suspiros: <¡Los dientes hermosos, para parecer lo bastante hermosos, necesitan que se los frote con el tallo aro- mático! Y el zib es á las vulvas hermosas lo que & los dientes hermosos es el tallo aromático! ¡Oh musulmanes, ayudadme! ¿Es que no hay en vosotros un zib superior que sepa tenerse en pie?> ¡Entonces senti que mi zib crujía en sus coyuntu- ras y me levantaba la túnica para adquirir un im- pulso triunfante! ¡Y en su lenguaje dijo á la bella: ¡Hele aqui! ¡Hele aquí!> ¡Entonces rasgué sus velos! ¡Pero ella tuvo mie- do, y me dijo: ¿Quién eres?» Contesté: <¡Un valiente © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia