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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/114

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

cuyo zib erguido acaba de responder à tu llama- miento!»

¡Y la asalté sin más tardanza, y mi zib, poderoso como un brazo, la apuntaba triunfalmente entre los muslos!

¡De modo que cuando acabé de meter el tercer clavo, me dijo ella: «¡Más adentro, joh valiente! más adentro!» Y contesté: «¡Más adentro, joh dueña mía! ¡más adentro! ¡Ya llegó!>


>Y he aquí que la deseé la paz, y correspondió ella á mi deseo, lanzándome miradas de una lan- guidez acerada, y me dijo: ¡Amistad, comodidad y generosidad al huésped!» Y me cogió de la mano, joh mis señores! y me hizo sentarme junto á ella; y entraron unas jóvenes de senos hermosos y nos sirvieron en bandejas los refrescos de bienvenida y frutas exquisitas, conservas selectas y un vino delicioso como no se bebe mas que en los palacios de los reyes; y nos ofrecieron rosas y jazmines, mientras á nuestro alrededor exhalaban sus suaves perfumes los arbustos odoriferos y los áloes que ardían en los pebeteros. Después una de las escla- vas le llevó un estuche de raso, del cual extrajo ella un laúd de marfil, que templó, y cantó estos versos:


¡No bebas el vino mas que cuando te lo brinde la mano de un tierno jovenzuelo; pues si el vino produce embriaguez, el jovenzuelo hace mejor el vino!