¡Porque el vino no procura delicias á quien lo bebe, á menos que el copero tenga mejillas en que brillen puras rosas, cándidas y frescas! >Y he aquí ¡oh huéspedes míos! que me enar- deci tras estos preludios, y mi mano se tornó audaz, y mis ojos y mis labios la devoraban; y le encon- tré cualidades tan extraordinarias de saber y be- lleza, que no solamente me pasé con ella el mes que había pagado, sino que seguí pagándole á su padre el anciano blanco un mes tras de otro mes, y así sucesivamente durante un largo transcurso de tiempo, hasta que, à causa de aquellos dispendios considerables, no me quedó ni un solo dinar de to- das las riquezas que había traído conmigo del país de Omán, mi patria. Y al pensar entonces en que muy pronto me veria forzado á separarme de ella, no pude impedir que corrieran mis lágrimas á ríos por mis mejillas, y no supe distinguir ya el día de la noche... En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente. TOMO XII Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana) 8
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Apariencia