quieras, ¡inschalah! Porque en mis propias manos tengo toda mi fortuna personal, y mi padre ignora la inmensidad de su cuantía. Así es que todos los días te daré un saco con quinientos dinares, importe de una velada; y se lo entregarás á mi padre, di- ciéndole: <En adelante te pagaré las veladas dia por día! Y mi padre aceptarà esa condición, cre- yéndote solvente; y según acostumbra, vendrá á entregarme esa suma que me corresponde; y yo te la daré de nuevo, á fin de que le pagues otra vela- da; ¡y obraremos asi mientras quiera Alah y no te aburras tú conmigo!> > Entonces joh huéspedes míos! me senti ligero como los pájaros en mi alegría, y le di las gracias y le besé la mano; luego vivi con ella durante un año en aquel estado de cosas, como el gallo en el gallinero. >Pero al cabo de este tiempo quiso la suerte ne- fasta que en un acceso de cólera mi bienamada se enfureciera con una de sus esclavas y le pegase dolorosamente; y la esclava exclamó: ¡Por Alab, que te maltrataré el corazón como tú me has mal- tratado!» Y al instante corrió en busca del padre de mi amiga, y se lo reveló todo desde el principio hasta el fin. >Cuando el viejo Taber Abul-Ola oyó el discur- BO de la esclava, saltó sobre sus pies y corrió á bus- carme, mientras yo, al lado de mi amiga, me dispo- nía á entregarme à diversos escarceos de primera calidad, ignorante todavía de lo que pasaba, y me © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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