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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/12

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

de una casa espléndida. Y le trató más generosa- mente todavía que al tintorero, y puso á su disposi- ción los mejores arquitectos, diciéndoles: <¡Es pre- ciso que construyáis un hammam en el sitio que él mismo escoja!» Y Abu-Sir se puso al frente de los arquitectos, y recorrió con ellos toda la ciudad y acabó por encontrar un sitio que le pareció conve- niente, dando orden de que levantaran el hammam allf. Y conforme à sus indicaciones, los arquitectos levantaron un hammam que no tenía par en el mundo, y lo adornaron con dibujos entrelazados y con mármoles de diversos colores y con un decora- do extraordinario que arrebataba la razón. Y todo se hacía según las instrucciones de Abu-Sir. Y cuando se acabó la construcción, Abu-Sir bizo que pusieran en medio una gran piscina de alabastro transparente y otras dos de mármol precioso. Lue- go fué à buscar al rey, y le dijo: ¡Ya está prepara- do el hammam, pero me faltan aún los accesorios y utensilios!> Y el rey le dió diez mil dinares, apre- surándose el barbero à emplearlos en comprar los diversos accesorios y utensilios, tales como toallas de lino y de seda, esencias preciosas, perfumes, incienso y lo demás. Y puso cada cosa en su sitio, y no regateó nada para que hubiese profusión de todo. Después pidió al rey diez ayudantes vigoro- sos para que le auxiliaran en su trabajo; y al ins- tante le dió el rey veinte mozos jóvenes, bien for- mados y hermosos como lunas, á los cuales se apresuró Abu-Sir á iniciar en el arte del masaje y