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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/120

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

esos actos! Pero ahora, puesto que lo pasado ya ha pasado, ¿qué piensas hacer?> Contesté: <¡No lo sé!» Él me dijo: «¿Quieres quedarte conmigo? Y como sa- bes escribir, ¿quieres registrar las entradas y salidas de mis abastos y percibir como salario un dracma de plata diario, además de tu alimento y tu bebi- da?> Y acepté dándole gracias, y viví con él en ca- lidad de escriba de entradas y salidas de las ventas y compras. Y estuve con aquel empleo en su casa el tiempo suficiente para ahorrar la suma de cien dinares.

>Entonces alquilé por mi cuenta un pequeño local à orillas del mar, à fin de aguardar allí la lle gada de algún navio cargado con mercancías de lugares lejanos, de las cuales compraria con mi di- nero las necesarias para hacer un acopio bueno, que vendería en Bagdad, adonde quería volver con la esperanza de hallar ocasión de ver de nuevo á mi amiga.

>Quiso la suerte que un día llegara de parajes lejanos un navio cargado con las mercancías que yo deseaba; y me uní á otros mercaderes, encami- nándome al navío, y subí á bordo. Y he aquí que del fondo del navio salieron dos hombres, sentán- dose en dos sillas é instalando ante nosotros sus mercancías. ¡Y qué mercancías! ¡Y qué deslumbra- miento de los ojos! ¡No vimos allá nada más que joyas, perlas, coral, rubies, ágatas, jacintos y pe- drerias de todos colores! Y entonces uno de ambos hombres se encaró con los mercaderes de tierra, y