dre el rey, con objeto de hallar remedios y medi- camentos capaces de aliviarla, congregó á los mejores escribas de su reino y á los hombres de ciencia y á los adivinos; pero ninguno de ellos con- siguió ahuyentarle de la cabeza los dolores que la torturaban...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 524. NOCHE
Ella dijo:
>...pero ninguno de ellos consiguió ahuyentarlo de la cabeza los dolores que la torturaban. Enton- ces yo, que presencié la asamblea, dije al rey: <¡Oh rey, yo conozco á un hombre, llamado Saadalah el Babilonio, que no tiene igual ni superior sobre la faz de la tierra en el conocimiento de tales reme- dios! ¡Así, pues, enviame à verle, si lo juzgas con- veniente! El rey me contestó: <Ve á verie!> Yo dije: Dame mil millares de dinares y un trozo de concha roja de un rojo oscuro! ¡Y además un rega- lo!> Y el rey me dió cuanto le pedía, y me marché de la India con rumbo al país de Babilonia. Y alli pregunté por el sabio Saadalah, y me guiaron á él; y me presenté á él y le entregué cien mil dinares